madre zoe

_D1A0120-librooctubre.jpg

Conocí a Constanza Oxenford en su condición de avezada y sensible fotógrafa. A la vez, supe de inmediato que su ductilidad en ese campo era asimismo la evidencia de una inquieta vocación para avanzar expresivamente en otros terrenos, como en la práctica gráfica y, oportunamente, en el rescate testimonial y los lenguajes instalativos, fisonomías que exhibe ahora en MADRE ZOE. 

Oxenford articula con éxito la funcionalidad coordinada del ensayo y el archivo personal, la elaboración poética y la revelación íntima; una peculiar convivencia en la diversidad que en este caso parece más necesaria que unca, habida cuenta de la exigencia espiritual y ética que la artista se había autoimpuesto al abordar el proyecto. 

Allí donde el paisaje del mundo individual se erige como análogo a la coyuntura del prójimo, cercano a emociones y peripecias definitivamente compartidas, más colectivas, más universales, se hace inexcusable la sonoridad de la reflexión social, ingrediente esencial que sintoniza perfectamente con esas otras demandas que, además de la artística, ocupan las horas y las energías de Constanza, y que ella, aquí, seguramente querrá mantener en reserva. 

Como podrá verse, la muestra consiste en el montaje bidimensional de una serie de fotografías en contrapunto, relacionadas con los ámbitos territoriales, biográficos, caracterológicos y afectivos que definen el relato y el perfil de sus dos personajes principales, iluminados en una suerte de retrato prismático con Oxenford en el triple rol de narradora, testigo y co-protagonista. A la manera de una constelación panorámica, un puzzle de palabras, textos, registros documentales, dibujos y aportes confesionales apelan con inclaudicable honestidad no sólo a la emotividad del espectador, sino también a su conciencia crítica. Este entramado de nítidas intenciones y acuciantes objetivos, movidos por la urgencia de volcar en un escenario de impacto más amplio lo que pudo haber quedado reducido a un mero anecdotario de melancolías, es lo que convierte a MADRE ZOE en un virtual manifiesto amoroso con destellos de crónica de costumbres, un dispositivo polifacético que nos facilita la tarea de saltear el simple goce formal para comprometernos con una noción más compasiva de lo humano. 

 

Eduardo Stupía

Muchas mujeres en Argentina, y en países latinoamericanos, han ejercido el rol de madres de niños que no son sus hijos. Señoras que trabajan de personal doméstico en una casa pero cumplen una función que excede completamente la descripción de su trabajo. Yo fui una de las beneficiadas de este amor incondicional. Zoe, la mujer que me crió, se excedió amorosamente en su función, y con una enorme naturalidad espiritual, emocional, y también práctica, “hizo de mamá”. Zoe cuidó de mí y de mis hermanos como si fuéramos sus hijos.

La historia de Zoe es la de una jovencita del campo, de la provincia de San Luis, que hace 75 años vino a la capital a trabajar, y consiguió trabajo como empleada doméstica, y para servir la mesa, en una casa de Belgrano. La casa de mi abuela. Zoe deviene entonces en niñera de mi madre y de mis tíos, de hecho vive con mi abuela hasta sus 80 años. Mi madre se separa muy joven y vuelve a vivir a su casa materna conmigo y mis hermanos. Mamá no podía ejercer un rol de madre presente, por mucho que lo intentara. Así fue como Zoe asumió gran parte de la responsabilidad de cuidado y sostén emocional de mis hermanos y el mío propio. Nadie le pidió que lo hiciera, ella eligió convertirse en nuestra madre. Zoe nunca se casó ni tuvo hijos; sus hijos fuimos nosotros.

Hace cinco años que la voy a visitar a San Luis junto a uno de mis hermanos, a un rancho que era de su familia en las afueras de Papagayo, donde vive con su cuñada. Es un pueblo pequeño, donde todos se conocen; ahí vive toda su familia, hermanos, sobrinos. Volver a su lugar fue como darle un lugar real a gran parte de su vida; y una manera de que todos pudiéramos cobrar conciencia de que Zoe, en verdad, tiene dos familias. 

 

Constanza Oxenford

0M1A9628.jpg
0M1A9620.jpg
0M1A9621.jpg

Zoe: para los griegos existían los términos "bios" y "zoe". "Bios" se refería a la vida de un individuo, se asociaba a su tiempo de existencia. "Zoe", en cambio, era la vida en general, considerada como fenómeno extra temporal, como vida eterna indiferenciada que existe mas allá de los individuos.

misterio.jpg
0M1A9613.jpg
FLYER BASICO con logo nuevo.jpg

Esta muestra fue realizada gracias al apoyo de Mecenazgo Cultural.